El verdadero cristiano no ama al mundo: viviendo en santidad
Vivimos tiempos difíciles en los cuales el mundo ha comenzado a influenciar de manera alarmante no solo a las personas inconversas, sino también a muchas iglesias que se dicen cristianas. En lugar de marcar la diferencia, muchos ministerios han abrazado las modas, la música, el lenguaje y los métodos del mundo, olvidando el llamado principal de Cristo: vivir en santidad y en obediencia a la Palabra.
El verdadero cristiano debe reconocer que el evangelio no se trata de motivación personal, ni de mensajes de éxito, riqueza o fama terrenal. El evangelio se trata de renunciar al mundo y vivir para Dios, apartados del pecado y consagrados a la verdad.
El peligro de amar al mundo
El apóstol Juan nos advierte con claridad:
“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”
— 1 Juan 2:15-17 (RVR1960)
Hoy, lamentablemente, vemos iglesias que ya no hablan contra el pecado por temor a incomodar a la gente. Se han vuelto más parecidas a centros de motivación personal que a casas de oración. Se predica más sobre “cómo alcanzar tus sueños” que sobre “cómo crucificar la carne”. Se habla más de prosperidad económica que de arrepentimiento y santidad.
Pero la Biblia nos dice que este tipo de mensajes no vienen del Padre, sino del mundo. La verdadera iglesia no se adapta al sistema del mundo, sino que se mantiene firme en la verdad del evangelio, aunque eso incomode a muchos.
Cuando las iglesias se parecen al mundo
El Señor Jesucristo ya lo había advertido:
“Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.”
— Mateo 24:12 (RVR1960)
En muchos lugares, la maldad ha entrado incluso a los altares. Hoy vemos que algunos ministerios priorizan el espectáculo, las luces, las modas y la popularidad sobre la santidad y la fidelidad a Cristo. Los púlpitos se han llenado de frases motivacionales, mientras que el mensaje de arrepentimiento se ha dejado de lado.
Sin embargo, la Escritura nos llama a una vida distinta:
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
— Romanos 12:2 (RVR1960)
La iglesia no debe conformarse a este siglo, sino mostrar la diferencia. El cristiano no debe ser influenciado por las corrientes del mundo, sino ser luz en medio de las tinieblas.
El verdadero evangelio
El verdadero evangelio no promete éxito terrenal, sino una cruz que cargar. Jesús lo dijo con firmeza:
“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”
— Lucas 9:23 (RVR1960)
Seguir a Cristo significa renunciar al yo, crucificar los deseos carnales y vivir en obediencia. No se trata de vivir para nuestra comodidad, sino para glorificar a Dios.
El apóstol Pablo también nos recuerda que el camino cristiano no es de aplausos ni reconocimiento, sino de sacrificio:
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
— Gálatas 2:20 (RVR1960)
¿Cómo debe vivir el verdadero cristiano?
- Apartado del pecado y de las modas del mundo“Porque ¿qué comunión tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Corintios 6:14, RVR1960).
El cristiano no busca parecerse al mundo, sino a Cristo. - En santidad y pureza“Porque no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación.” (1 Tesalonicenses 4:7, RVR1960).
- Con la mirada en lo eterno, no en lo terrenal“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” (Colosenses 3:1-2, RVR1960).
- Proclamando la verdad aunque incomode“Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.” (2 Timoteo 4:2, RVR1960).
- Viviendo como luz y ejemplo“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” (Mateo 5:16, RVR1960).
Reflexión final
El verdadero cristiano no ama al mundo ni se deja arrastrar por las modas, filosofías o evangelios falsos que hoy abundan. Su amor y su fidelidad están en Cristo. El llamado de Dios sigue siendo el mismo: santidad, santidad, santidad.
La Palabra nos lo recuerda:
“Sed santos, porque yo soy santo.”
— 1 Pedro 1:16 (RVR1960)
Querido hermano, no permitas que el mundo ni los mensajes superficiales te aparten del verdadero evangelio. No se trata de éxito pasajero, sino de vida eterna. Como dijo Jesús:
“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”
— Mateo 16:26 (RVR1960)
Que nuestra vida y nuestras iglesias reflejen a Cristo en santidad, y no al mundo en apariencia.